Woody Allen, Diomedes Díaz y Pablo Escobar: Cultura, Masculinidad y Personajes Catalizadores en la Cultura Contemporánea

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Woody Allen, Diomedes Díaz and Pablo Escobar: Culture, Masculinity and Catalytic Figures in Contemporary Society
Written by:
Daniel Santiago Salguero
Daniel Santiago Salguero is a Colombian artist whose work spans various media, including performance art and photography. He earned his B.F.A. in Audio-Visual Media and Photography in 2006 from Politécnico Grancolombiano in Bogotá. He completed an M.A. in Performance Art (Artes Vivas) at Universidad Nacional...

Por Daniel Santiago Salguero

2026 / 02 / 16

Qué esperar cuando se es contemporáneo y compatriota de personas como Diomedes Díaz o Pablo Escobar, que influenciaron tanto la cultura nacional y que siguen siendo, en muchos casos, celebrados y/o parte de una actualidad o forma de ver la vida, sobre todo desde la cultura popular.

Relaciono esta idea con haber crecido viendo cine “esquizofrénico” o “psicótico” de Woody Allen, que finalmente —quizás se pueda decir (a eso voy)— es un cine de autor que canaliza la locura que fueron precisamente los años 80 y 90 de la cultura occidental; le da forma a esa demencia tan desequilibrada y, a la vez, tan de cúspide de una cultura, desde el delirio y en una suerte de exceso también (estrenaba una película por año durante décadas, dirigida, protagonizada y escrita por él la mayoría de las veces): un cine no de efectos especiales, sino de elementos cuestionadores y lúdicos, llenos de profundidad desde lo simple y universal y de oscuridad explícita, precisamente también, de humor. Y yo digo que ahí, en la mezcla de estos elementos, está su brillantez y sofisticación. Hay que estar al corriente de la cultura de su época y del cine para poder valorar bien el esplendor al que llevó su propio lenguaje (¿y posteriormente, quizás, su decadencia al volverlo tan comercial?). Para mí, su cúspide estuvo en películas conceptuales y no espectaculares. Eso de hacer gran cine con presupuesto bajo y sin efectos, y que además sea muy sofisticado, es solo de alta cultura y es excepcional. Es algo, además, muy Nueva York: hablar en un sistema sofisticado para hablarle a tod@s, no desde lo bajo sino desde lo alto… (¿eso se ha perdido en las urgencias de la democratización de los medios y la información?, entonces positiva y negativamente…).

Llevo años sin decir nada al respecto de Woody, sin haber podido tomar posición frente a ese escándalo de abuso de su hija adoptiva con Mia Farrow (confieso que no sé mucho del caso) (imperdonable visto desde la moral, inclusive no religiosa), desde cualquier punto de vista. Woody, que como Almodóvar son mis papás (o sea, me afecta) (lo de “papás” es porque también crecí viendo películas de Almodóvar, en un hogar de papá ausente…), siendo esto igual un hecho casi que normalizado en la cultura del silencio, digamos que al menos de Las Américas (me refiero al abuso sexual), pero que él, por ser una estrella de su siglo, se volvió un caso ejemplo de hasta qué puede llegar la perversidad irracional del hombre (en este caso, del hombre hombre).

Comparado con Diomedes Díaz o Pablo Escobar, su caso de abuso no debe representar mucho, por grave que sí haya sido. He estado pensando mucho en su cine como catalizador de una cultura hipócrita, machista, blanquista, capitalista, absolutamente sofocante, aplanadora y destructora (¿será que esto puede aplicarse para entender a DD y a PE?), y judía en el contexto (en Nueva York, una mayoría; y Woody es judío explícitamente en su cine; no pareciera practicante o muy practicante de la religión, pero sí de la cultura).

Y como que, después de años de pensar cosas, siento que tengo una posición finalmente frente a su cine (no hablé todos estos años de su cine a raíz del escándalo, ¿y casi que de su cancelación?…), con el que crecí y me eduqué y formé (es una lástima: ya nadie habla ni sabe del cine mega genial de Woody Allen). Aunque creo que ha seguido haciendo cine, le perdí la pista desde… La flor de blah blah o Medianoche en París. Supe en mis años de Nueva York, por amigos que lo vieron haciendo jazz, que tiene —o tenía al menos entonces (2017)— su propia banda; genial, el Woody.

Esto lo he venido pensando desde hace días, pero fue viendo el mes pasado la serie Russian Doll (Muñeca rusa) que pude concretar la idea: necesitamos más personajes esquizofrénicos a lo Woody (catalizadores de culturas invivibles), no como Woody que lleguen a “hacer daño” en su mundo personal (no ese WA), sino como el director, actor, guionista, músico que es (¿fue?), y como la personaje protagonista de esta serie que digo, Nadia Vulvokov (interpretada por la también escritora y directora de la misma, Natasha Lyonne), en el argumento una descendiente de inmigrantes de Europa oriental en la Nueva York contemporánea, que fuma sin parar y que, con su voz ronca, indaga y dialoga con todos los personajes de la serie. ¡Necesitamos gente no normal!, que se enfurezca ante las injusticias y que luche a capa y espada por sus obsesiones, ¿y que quizás, proporcionalmente, la embarre a ese mismo nivel?, con obsesiones (que se dejen ver, no perversiones) (¿precisamente?). Y en medio de esto pienso que, sobre todo, valoro las obsesiones a veces quizás grotescas pero inofensivas (fumar, maldecir, retirarse sin despedirse, ser auténtico aunque políticamente incorrect@, hablar a veces de más, o no hablar, o carcajearse o llorar, estar vivo, básicamente, para diferenciarse de los muertos y de los muertos en vida).

Pero fue realmente viendo Merlina o Wednesday (la segunda temporada), secuela de la famosa y favorita saga mía de los tiempos “Familia Addams”, que pensé en lo sano de este personaje (para el mundo), producida ejecutivamente por Tim Burton y dirigidos los primeros capítulos por él también; y se nota que con unos guionistas actualizad@s y crític@s en cuanto a cultura contemporánea, feminismos no trasnochados sino creativos y disruptivos, y para hombres también (Homero, o Gómez como se llama en inglés, es el más dulce y comprensivo de la familia, sin abandonar su rol masculino de padre Addams, además).

Más que este personaje, Wednesday, ¡quiero defender, o al menos señalar y reflexionar sobre este tipo de personalidades! (¿dentro de las que me incluyo?), difíciles, pero catalizadoras precisamente de tanta precariedad e hipocresía, a punta de ingenio y sinceridad (¿y excentricidad?), un poco bajo la política de “duela a quien le duela” (de ninguna manera justifico a Allen por sus o sus abusos; digo eso entendiendo su precariedad masculina en un tiempo aún pobre donde era normalizado abusar, no solo de las hijas sino de todo), de uno mismo, incluso o principalmente. Este paradigma sigue vigente para muchos (¿machos?, no solamente), quizás para l@s mayorías, y es en ese contexto que personajes como Muñeca rusa o Wednesday cobran tanto, tanto, tanto valor.

Diomedes, ¡qué fiesta! El paradigma de la fiesta que no termina a costa de lo que sea. La colombianidad noventera en su esplendor, y él el rey. Ahora les pagamos la factura. Indudablemente un genio; su lírica, música y potencia son incomparables. Uno que no nombré, pero que entendió y se expresó mediáticamente también con genialidad, humor, sensibilidad y sobreexposición, sin hacer daño (solo a sí mismo, exponiéndose de la manera en que se expuso), fue el periodista, humorista y político Jaime Garzón. Alguien mejor para recordar que a Pablo (él también político) o a Diomedes, en la ausencia de padres de la “patria” o en la presencia de padres mega tóxicos (peor).

A Pablo, la violencia se le salió de las manos y esta lo borró de manera muy decadente. Hace poco llegué a pensar que la única justificación de la fuerza con que hizo tanto daño podía haber sido la idea de romper con el orden colonial rancio y, muchas veces —o la mayoría—, podrido, de Colombia, amarrado al poder por siglos. Pero no fue así, diría que ni de intención ni de resultados (qué bobo uno buscándole lado de héroe a un loco, psicópata, megalómano empoderado).

Del final de Diomedes no sé mucho, más allá de mucho escándalo muy bajo y de su pasión por la cocaína. Prócer del folclore costeño que se va hasta el Amazonas, nos guste o no, y posiblemente de la identidad latinoamericana popular en general, hablando de culturas dominantes continentales y globales, etc., principalmente desde los medios de comunicación, pero ¿y de la política…?

Pregunté a una IA por datos curiosos de Diomedes y dice: apodado “El Cacique de La Junta” por Rafael Orozco. Es el mayor vendedor de discos en la historia del vallenato; ganó un Grammy Latino y grabó álbumes tanto en casa por cárcel como en la cárcel de Valledupar. Tuvo seis hijos con los dos grandes amores de su vida, Consuelo Martínez “La Bogotana” y Betsy Liliana “La Cachaca”, de quienes tuvo seis hijos, incluyendo a Moisés, a quien llamaba “El Travieso”. Las caravanas de sus lanzamientos en Valledupar llegaban a ser tan multitudinarias que se declaraban días cívicos para que la gente pudiera ver a su ídolo.

No me quiero alargar más, pero acabo de preguntar a la IA por el perfil psicológico de Pablo Escobar y la respuesta es realmente interesante, por si alguien la quiere buscar.


Ilustraciones digitales por Daniel Santiago Salguero, realizadas a partir de las siguientes fuentes fotográficas:

  • Jenna Ortega: imagen oficial de la serie televisiva Merlina, producida por MGM Television para Netflix. © MGM Television / Netflix.
  • Natasha Lyonne y Greta Lee: imagen promocional correspondiente a la segunda temporada de la serie de Netflix Muñeca Rusa (Russian Doll). © Netflix.
  • Woody Allen: autor desconocido. Imagen publicada originalmente en Interview Magazine, disponible en: https://www.interviewmagazine.com/film/woody-allen-oscars-2012. © Interview Magazine y respectivos titulares de derechos.
  • Diomedes Díaz: autor desconocido. Fotografía de estudio realizada para el álbum Título de Amor (1993), grabado junto al acordeonero Juancho Ríos. © Respectivos titulares de derechos.
  • Jaime Garzón: imagen perteneciente a la Colección Hernán Díaz, actualmente preservada por la Biblioteca Virtual del Banco de la República (Colombia). © Banco de la República – Colección Hernán Díaz.

Las imágenes citadas son propiedad de sus respectivos titulares y se utilizan con fines editoriales y de crítica cultural.

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