Ghosts: Visualizing the Supernatural, Kunstmuseum de Basilea
por Nekane Aramburu

Claudia Casarino. Desvestidos, 2005. Ocho vestidos de tul, dimensiones variables. Colección de la artista. Foto: Claudia Casarino.
Este mes de marzo finaliza en el Kunstmuseum de Basilea la muestra titulada Ghosts: Visualizing the Supernatural. Siempre es un placer retornar a esta ciudad y visitar sus museos, más allá del tradicional peregrinaje en junio a Art Basel, puesto que, entre otras instituciones de arte, el Kunstmuseum es un pilar cultural que alberga en su extensa superficie la colección pública de arte más antigua, consolidada desde el siglo XVII y en permanente revisión con la actualidad. Por ello no es extraño que se haya optado por la producción de una atractiva muestra que alterne obras históricas con piezas contemporáneas, comisariada desde el equipo interno por su conservadora principal, Eva Reifert, quien sumó a dos expertos en el tema de los espíritus: la historiadora británica Susan Owens y el alemán Andreas Fischer, especialista en el campo de las fotografías de fantasmas o spirit photography.

Frederick Hudson Georgiana Houghton con un espíritu, ca. 1874. Tiraje a la albúmina montado sobre cartón, 10.4 × 6.3 cm. Institut für Grenzgebiete der Psychologie und Psychohygiene, Freiburg i. Br. Foto: Institut für Grenzgebiete der Psychologie und Psychohygiene.
No obstante, el proyecto en Basilea no alcanza la profundidad de aquella otra gran muestra enciclopédica sobre lo invisible y lo sobrenatural que llevó por título Europe des esprits ou La fascination de l’occulte (1750-1950), la cual tuve ocasión de ver en el Musée d’art moderne et contemporain de Estrasburgo en 2011. Aquella exposición, en coproducción con el Zentrum Paul Klee de Berna, exploraba la influencia de lo oculto en el arte, el pensamiento y las ciencias, introduciendo el espiritismo, la teosofía y la antroposofía como elementos que marcaron la modernidad europea e influyeron en la génesis del arte moderno y la abstracción. Además, durante los últimos años se ha producido una exploración curatorial de lo invisible, que ha abierto el campo a proyectos expositivos de diversa índole en todo tipo de instituciones.[1]
En lo que respecta a la exposición en Basilea, se orienta sobre todo a la representación visual de los fantasmas y el rastro del fenómeno sobrenatural en el arte, incidiendo especialmente, desde el punto de vista iconográfico, en la imagen de los espectros, algo que arraigó en la cultura visual occidental desde la moda por lo gótico de finales del siglo XVIII y en el movimiento romántico y espírita de finales del XIX. La obra más antigua de la muestra corresponde a Benjamin West, el lienzo Saúl y la Bruja de Endor (1777), y orienta al visitante a uno de los ejes del proyecto: los espíritus de sábana blanca. La representación de los fantasmas ataviados con la típica sábana se repite (alternándose con los ectoplasmas de todo tipo) a lo largo de la muestra en diferentes versiones contemporáneas, por ejemplo, con la espectacular Geist und Blutlache (1988) de Katharina Fritsch, junto a las piezas de Ryan Gander Tell My Mother Not to Worry (2012), Tony Oursler Fantasmino (2017) o la de Erwin Wurm Yikes. Substitutes (2024).
Frente a estas alusiones de formas explícitas, “aparecen” algunas obras conceptuales, destacando la poética de la instalación de Claudia Casarino, Desvestidos [Undressed] (2005). Como en proyectos anteriores, la artista paraguaya suspende en el aire vestidos que flotan como apariciones vacías, moviéndose cuando los transeúntes, al pasar, perturban el ambiente. En el caso de Claudia, esta descarnación corporal alude además directamente a cuestiones que nos enfrentan a la violencia sobre la mujer implícita en el sistema patriarcal, el feminicidio o los techos de cristal. No es la primera vez que Claudia, alejada de los temas “esotéricos”, es incluida en una exposición de este tipo junto con Georgiana Houghton. En 2023 coincidieron en Georgiana’s Echoes, una exposición de arte contemporáneo con raíces victorianas que comisarié en el Centro de Arte La Regenta y en el Instituto Canarias Cabrera Pinto.

Georgiana Houghton, The Spiritual Crown of Annie Mary Howitt Watts, 1867. Acuarela y gouache con pluma y tinta sobre papel montado sobre cartón, 33 × 24 cm. Colección de Vivienne Roberts, Londres. Cortesía de Vivienne Roberts.
Por tanto, me gustaría incidir especialmente en la obra de Georgiana, quien ha empezado a ser reconocida tardíamente, lo mismo que Hilma af Klint, ambas por razones semejantes: ser mujeres olvidadas, practicar la abstracción con carácter pionero y ejercer de artistas-médiums[2]. Georgiana Houghton nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1814 y falleció en Londres en 1884. Desde 1851 desarrolla una producción artística intensa, fundamentalmente de dibujos y acuarelas, y cultiva su interés por la fotografía espírita. Había sido aconsejada, en una sesión de espiritismo en la casa de una médium, que obtuviera su propia plancheta, y así empieza a introducir el color en su obra artística, continuando incansable en absoluta soledad[3].
En 1872 conoció a Frederick Hudson, un fotógrafo profesional quien obtuvo cierta fama con sus imágenes espíritas, aunque pronto fue acusado de fraude, siendo expulsado de los grupos mediúmnicos en 1874, lo que afectó por lo tanto a la reputación de Georgiana, quien se había prestado a participar en sus fotografías. (En la muestra puede encontrarse una reproducción a gran escala de ella posando para Hudson).

Mike Kelley, Ectoplasm Photograph 5 (1 de una serie de 15 fotografías c/u), 1978/2009. Impresión cromogénica, edición de 5 (+1 PA), 50 × 40 cm. Cortesía de Mike Kelley Foundation for the Arts. © Estate of Mike Kelley.
En cualquier caso, es de recordar que en el siglo XIX la fotografía espiritista había alcanzado un alto grado de interés, especialmente a partir del primer autorretrato de William H. Mumler en Boston (1861), realizado por la doble exposición en placas de daguerrotipos. Los ejercicios fotográficos, como la sobreimpresión en series estereoscópicas, se multiplicaron en pocas décadas, exponencialmente abiertos al grado de entusiasmo popular por las doctrinas y reuniones de canalizadores. Así podemos encontrar afirmaciones como «La fotografía es un medio que se pone a disposición de los espíritus, a fin de que puedan dar pruebas irrefutables de su presencia entre nosotros», escrita por Pierre Gaëtan Leymarie, editor y sucesor de Allan Kardec. Una filosofía y unas formas de comunicación que aún quedan por explorar y sobre las que se vehiculan algunos conceptos básicos, tal y como recuerda Vilém Flusser: «imagen-aparato-programa-información»[4].
La obra de Georgiana presenta dos líneas de lectura diferentes: la pieza pintada, siempre de pequeño formato, y el reverso, donde señala los guías que le acompañaron en la canalización de la misma. A pesar de la dificultad de localizar obra suya, ha sido posible incluir una extraordinaria pieza The Spiritual Crown of Annie Mary Howitt Watts (1867), perteneciente a una de sus principales coleccionistas, la experta en la materia Vivienne Roberts.

Rachel Whiteread, Poltergeist, 2020. Acero ondulado, haya, pino, roble, pintura doméstica y técnica mixta, 305 × 280 × 380 cm. Fondation Beyeler, Riehen/Basel. Foto: Robert Bayer, Basilea.
La obra de Madge Gill también está guiada por espíritus como la de Georgiana; en su caso, bajo el nombre de Myrninerest, encontramos rostros que emergen de patrones similares a textiles. Igualmente, Susan MacWilliam, con la obra de videocreación The Last Person (1998), retoma la relación con los ectoplasmas de la médium Helen Duncan (la última persona en Gran Bretaña en ser juzgada y condenada en 1944 bajo la Ley de Brujería de 1735).
Además de estos denominadores comunes, la narrativa curatorial se enfoca a aspectos de las resonancias energéticas de memorias pasadas que guardan los edificios. Esto se manifiesta claramente en piezas como PsychoBarn (Cut Up), de Cornelia Parker, de 2003, donde muestra una réplica del set de Psycho[5] en fragmentos colgados de las paredes de una sala museal. Por ello, por proximidad a estas temáticas, tampoco podía faltar algún proyecto de Rachel Whiteread, quien ya en 1990, a la edad de 27 años, creó Ghost (una obra esencial en los manuales de Historia del arte), al reproducir en yeso el interior de una sala de estar victoriana. Aquí se presenta Poltergeist (2020), otra pieza esencial producida en una nueva etapa en la cual ya ha abandonado su técnica del vaciado o “cast” de espacios negativos para utilizar un método de ensamblaje directo.

Gillian Wearing, Me as a Ghost, 2015. Impresión tipo C, 131.5 × 91.5 cm. En préstamo de la Royal Academy of Arts, Londres. © La artista. Foto: Prudence Cuming Associates Ltd.
En resumen, un amplio panorama visual como ejemplo de la integración cultural de las comunicaciones del mundo de los muertos a los vivos, normalizadas ya en las diferentes ficciones literarias y cinematográficas, y finalmente también incluidas en el sistema del arte, reforzándose con relecturas de la obra de artistas médiums y otros creadores que abordan situaciones vinculadas a las realidades paralelas invisibles. Aunque aún echamos de menos la aparición espectral de Catherine Earnshaw en la recién estrenada versión fílmica de Wuthering Heights, dirigida por Emerald Fennell (a partir de un mix subjetivo de la novela de Emily Brontë, por ponerle algo de humor), y una revisión profunda de la llamada “Historia del Arte” desde desarrollos críticos más amplios y transversales.

Katharina Fritsch, Geist und Blutlache, 1988. Poliéster pintado y plexiglás lacado, 200 × 61 × 61 cm (figura); 3 × 209.4 × 53.2 cm (charco de sangre). Philadelphia Museum of Art: Promised Gift of Keith L. and Katherine Sachs. © 2025 ProLitteris, Zurich. Cortesía de Matthew Marks Gallery.
[1] Consideremos, por ejemplo, la 55.ª Bienal de Venecia, dirigida por Massimiliano Gioni, que presentó la propuesta Il Palazzo Enciclopedico, con más de 150 artistas en torno a temas espirituales, representando una apertura del sistema del arte hacia estas líneas de investigación. Asimismo, en 2019, en el museo Es Baluard, pudo verse por primera vez en Europa la muestra Alma, un comisariado encargado a la experta Pilar Bonet, que reunió a 17 autoras europeas nacidas en décadas anteriores al final de la Primera Guerra Mundial (1918), bajo la consigna de espiritualidades guiadas desde lo esotérico.
[2] Su producción artística, localizada parcialmente, aún está por recuperar y su patrimonio artístico resulta incompleto, una obra que ha obsesionado en los últimos años a diferentes intelectuales y creadores. En general, todos ellos han encasillado a Georgiana como pionera del arte abstracto (digamos oficialmente desde 1859), por situarse cronológicamente en fechas anteriores a Hilma af Klint (1862–1944).
[3] La obra de Houghton desestabiliza la abstracción, un concepto, por otra parte, desconocido para ella a lo largo de su vida, por lo que cualquier intento por clasificar su obra desde la perspectiva de fenómenos artísticos y argumentaciones históricas posteriores
[4] Flusser, Vilém. Towards a Philosophy of Photography. Londres: Reaktion Books, 2012.
[5] El diseño es una réplica a escala de la famosa casa de la película Psicosis, de Alfred Hitchcock, la cual, a su vez, se inspiró en la pintura House by the Railroad, de Edward Hopper.



