Por Yohanna Magdalene Roa

Michele Pred, Ice Storm, 2026. Candelabro sueco vintage, balas, velas, esmalte de uñas. 30 × 18 × 19 pulgadas. Cortesía de Nancy Hoffman Gallery.
Un candelabro cuelga del techo. Dorado. Rojo. Ligeramente rosa. Podría pertenecer al repertorio doméstico del lujo: una cena elegante, una reunión festiva, un salón demasiado decorado. Pero también podría colgar en un espacio de poder, como una sala de recepción institucional, incluso en la Oficina Oval. El objeto oscila entre ambos registros.
Las lágrimas que cuelgan de su estructura no son cristales. Son balas.
En Ice Storm (2026), de Michele Pred, el chandelier conserva la forma ornamental del objeto que debería iluminar una habitación. Sin embargo, aquí las pequeñas balas apuntan hacia abajo, como si el objeto entero estuviera suspendido en el instante previo a un ataque. El brillo del esmalte y el rojo saturado del metal producen un efecto extraño: elegancia decorativa y amenaza al mismo tiempo. El objeto que debería iluminar el espacio parece ahora señalar el lugar del impacto.
La pieza perturba una distinción aparentemente estable: la que separa el objeto doméstico del objeto público. El chandelier pertenece al imaginario del interior burgués, pero también a la arquitectura del poder. Lo que ilumina una mesa familiar puede iluminar también un espacio de decisión política.
Ahí comienza a operar la obra.
La exposición Projecting Democracy, presentada en Nancy Hoffman Gallery, despliega esta misma lógica en un conjunto de obras que abarcan distintas etapas de la trayectoria de la artista. Más que un recorrido retrospectivo, la muestra funciona como un ensamblaje político donde objetos, proyecciones e instalaciones convergen alrededor de una pregunta urgente: cómo responder, desde el arte, a un momento histórico marcado por la erosión de derechos democráticos y el recrudecimiento de discursos autoritarios que afectan particularmente la autonomía de las mujeres.

Michele Pred, Confiscated Stack, 2002–2026. Objetos confiscados en aeropuertos. Dimensiones variables. Cortesía de Nancy Hoffman Gallery.
Muchas de las piezas reunidas en la galería fueron realizadas en momentos distintos, algunas, incluso hace más de dos décadas. Sin embargo, el modo en que dialogan hoy entre sí revela la persistencia de ciertas tensiones estructurales: la expansión de los dispositivos de vigilancia estatal, la fragilidad de los derechos reproductivos y la manera en que el cuerpo femenino continúa siendo objeto de disputa jurídica y política.
Por ejemplo, Confiscated Stack (2002–2026) reúne objetos confiscados en aeropuertos tras el 11 de septiembre. Lo que comenzó como reflexión sobre el nuevo régimen de seguridad global hoy adquiere otra lectura: la confiscación ya no parece afectar solo a los objetos, sino también a los cuerpos.
En la práctica de la artista, los objetos nunca aparecen aislados de su contexto histórico. Funcionan como superficies donde se sedimentan capas de significado político que se transforman con el tiempo. Gran parte de las obras de Projecting Democracy se construyen a partir de objetos encontrados o de uso cotidiano: carteras vintage, quilts, herramientas domésticas, pastillas anticonceptivas, objetos confiscados en aeropuertos. Este procedimiento dialoga con la larga tradición del ready-made y de las prácticas artísticas basadas en el objeto. Sin embargo, en el trabajo de Pred estos materiales no se presentan como formas neutralizadas o despojadas de su historia.
Al contrario, lo que la artista activa son precisamente las narrativas sociales inscritas en ellos.
Sin embargo, la operación de Pred se inscribe en una genealogía más compleja, vinculada con las prácticas feministas que desde la segunda mitad del siglo XX desplazaron el ready-made hacia territorios domésticos, corporales y cotidianos. Desde los años setenta, artistas como Martha Rosler, Judy Chicago, Betye Saar o Mierle Laderman Ukeles señalaron que los objetos cotidianos, utensilios domésticos, textiles, herramientas de mantenimiento, contienen una historia social que no desaparece al ingresar al espacio del arte. Artistas como Marta Minujín exploraron desde temprano el potencial político de los objetos y materiales de la cultura cotidiana; Wangechi Mutu ha trabajado con ensamblajes y materiales encontrados para interrogar la historia colonial y la representación del cuerpo femenino; Kimsooja ha convertido el textil y el objeto doméstico en un lenguaje crítico sobre migración, memoria y trabajo invisible.
En todos estos casos, los objetos ordinarios no pierden su historia al entrar al espacio del arte. Por el contrario, esa historia se vuelve visible. En este contexto, el trabajo de Pred puede entenderse como parte de una tradición ampliada del ready-made feminista. La artista no neutraliza la función original del objeto ni lo transforma en una entidad puramente estética. Lo que hace es intensificar los relatos sociales inscritos en él.


Michele Pred, Gun Control, 2026. Cartera vintage con alambre electroluminiscente. 13 × 11 × 3 pulgadas. Stop ICE, 2026. Cartera vintage con alambre electroluminiscente. 16 × 12 × 3 pulgadas. Cortesía de Nancy Hoffman Gallery.
Una de las series más elocuentes de la exposición está compuesta por carteras vintage intervenidas con frases realizadas en alambre electroluminiscente: We The People (2025), Protect Trans Kids (2025), Gun Control (2026), Free Iran (2026), My Body My Choice (2022) o Good Trouble (2025). La cartera es un objeto profundamente cargado de connotaciones culturales. Históricamente asociada con la feminidad, la vida privada y el consumo, ha funcionado como contenedor de la microeconomía cotidiana: dinero, maquillaje, documentos, tarjetas, pequeñas pertenencias que organizan la vida diaria. Pred no destruye ese significado. Tampoco intenta ocultarlo. Lo activa.
Al introducir frases políticas luminosas sobre su superficie, la cartera se transforma en una especie de cartel portátil. El gesto es simple, pero su implicación es profunda: un accesorio tradicionalmente asociado con la circulación social del cuerpo femenino se convierte en un dispositivo de enunciación política. El objeto sigue siendo reconocible como cartera; sigue remitiendo a una economía de género y de clase. Pero ahora también funciona como soporte de un discurso político. La intervención introduce un cortocircuito en la pedagogía visual de la feminidad.

Michele Pred, Untitled (Vintage Quilt), 2026. Píldoras anticonceptivas y pastillas abortivas vencidas. 81 × 58 × 2 pulgadas. Cortesía de Nancy Hoffman Gallery.
Algo similar ocurre en Untitled (Vintage Quilt) (2026), un quilt vintage de los años sesenta intervenido con píldoras anticonceptivas y pastillas abortivas vencidas. La artista no confecciona el quilt; lo encuentra, lo selecciona y lo interviene. Este gesto es decisivo porque mantiene intacta la historicidad del objeto. El quilt conserva la memoria del trabajo doméstico y de las tradiciones textiles asociadas con la vida familiar. Pero la incorporación de las pastillas introduce otra forma de protección: la asociada con la autonomía reproductiva. La obra conecta dos dimensiones históricas de la vida de las mujeres: el cuidado doméstico y el control del propio cuerpo. En esa superposición se inscribe la historia misma del feminismo del siglo XX.



Michele Pred, Money for Parks Not Oligarchs: Yellowstone Park Projection, 2025. Proyección en lightbox. 18 × 24 pulgadas. Money for Arts Not Oligarchs: Met Museum Projection, 2025. Proyección en lightbox. 30 × 40 pulgadas. Equal Pay: Projection on San Francisco Federal Building, 2025. Fotografía C-print. 24 × 30 pulgadas. Cortesía de Nancy Hoffman Gallery.
Otro eje de la exposición es la relación de la artista con la arquitectura pública y los símbolos de la nación. Obras como Equal Pay: Projection on San Francisco Federal Building (2025), Forbidden DEI Words: Projection on Guggenheim Museum (2025) o Freedom to Learn, Learn About Freedom: Projection on Sproul Hall at UC Berkeley (2025) documentan intervenciones realizadas mediante proyecciones de luz sobre edificios emblemáticos. La proyección cubre temporalmente la arquitectura con una nueva inscripción política. El edificio permanece visible bajo la capa luminosa del mensaje, pero durante unos instantes parece hablar con otra voz. Museos, edificios federales o campus universitarios no son estructuras neutras. Funcionan como superficies simbólicas donde se construyen narrativas de poder, identidad nacional y legitimidad institucional. Al proyectar frases críticas sobre estas superficies, Pred introduce un desplazamiento perceptivo: el monumento se convierte en soporte de disenso.
En última instancia, lo que Projecting Democracy pone en juego no es la reinvención del ready-made, sino su reconfiguración dentro de una tradición feminista que entiende el objeto como archivo social. Los materiales que Pred utiliza —carteras, quilts, herramientas, edificios, objetos confiscados— no son neutrales. Son fragmentos de la vida social. En la obra de Pred, esos objetos no se convierten en reliquias estéticas. Permanecen activos como dispositivos críticos. En un momento histórico en el que los derechos reproductivos, la libertad de expresión y las formas mismas de ciudadanía se encuentran bajo presión, la exposición recuerda que incluso los objetos más ordinarios pueden convertirse en instrumentos de imaginación política.
Una cartera.
Una pastilla.
Un quilt.
La fachada de un edificio.
También pueden ser superficies desde las cuales reescribir el lenguaje de la autonomía del cuerpo y del derecho a ser humanas.



