El arte siamés de Marisa Lara y Arturo Guerrero en el Museo del Estanquillo.
Cuatro décadas de siamesitud.

Zona del núcleo Curaduría. Vista exposición Bipolaridad visual, en el Museo del Estanquillo, CDMX. En foto Los Siamés: Marisa Lara y Arturo Guerrero
La obra de Marisa Lara y Arturo Guerrero se emplaza en la Ciudad de México: cada una de sus piezas devuelve una imagen de quienes la miran y, al mismo tiempo, deja aflorar la historia cotidiana, político-afectiva y cultural que la hizo posible. Bipolaridad visual del dúo conocido como Los Siameses / Siameses Company1 en el Museo del Estanquillo. Colecciones Carlos Monsiváis. La muestra, inaugurada en abril de 2025, reunió alrededor de 300 piezas producidas a lo largo de más de cuarenta años de trabajo conjunto: pintura, dibujo, escultura, grabado, fotografía, instalación y performance, articuladas en diez núcleos curatoriales distribuidos en dos pisos del museo. Si bien se trató de una revisión exhaustiva de su trayectoria, la exposición se planteó como un gesto de relectura crítica del vínculo entre arte contemporáneo, cultura popular y memoria urbana, en estrecho diálogo con el archivo y la figura de Carlos Monsiváis.
Tuve la oportunidad de dialogar con ellxs en la Ciudad de México; este artículo es resultado de nuestra conversación.
Lara y Guerrero se presentan como pintores “diestros y siniestros” que trabajan literalmente “a cuatro manos”, interviniendo la misma pieza al mismo tiempo. Insisten en esta idea de siamesitud como conjuro alquímico: una complicidad radical en la que pensamiento, cuerpo, pincel y palabra circulan en vaivén constante. Su nombre artístico, cuentan, fue acuñado por el propio Monsiváis, fascinado por esa doble presencia que es una sola voz.

San Siamés Arcángel, 170x150cm,mixta-lienzo, 2008.
Formados en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, donde estudiaron tanto pintura como grabado en los años ochenta, el dúo se propuso romper con el canon académico que, en su perspectiva, imponía la imitación de modelos norteamericanos. En lugar de replicar estéticas metropolitanas, eligieron mirar de frente su propio contexto: la Ciudad de México como un campo de tensiones entre “alta cultura” y cultura popular, entre salones de baile y museos, entre lucha libre y ópera, entre danzón y música sinfónica. Esa decisión temprana, rechazar el mandato de la imitación y asumir la propia pluralidad como lugar de enunciación, atraviesa toda su obra.
No es casual que su trayectoria incluya participaciones en bienales como São Paulo, La Habana o Cuenca, donde llevaron esta dinámica translingual, lúdica y crítica a circuitos internacionales. Sin embargo, no conciben esas plataformas como destino final: siempre vuelven al barrio, a los salones de baile, a las arenas de lucha libre, a los espacios donde el cuerpo colectivo se pone en juego.
Alta y baja cultura: tensar la jerarquía

Uno de los núcleos conceptuales de Bipolaridad visual es la discusión sobre la frontera, siempre clasista, entre “alta” y “baja” cultura. En la entrevista, Lara y Guerrero subrayan hasta qué punto esta división ha servido para descalificar prácticas populares etiquetándolas como “kitsch”, un término que leen como profundamente paternalista y excluyente.
En su lectura, llamar kitsch a ciertas expresiones equivale a decir “todavía no eres arte”: una condescendencia que presupone un centro civilizatorio desde el cual se decide qué prácticas son “contemporáneas” y cuáles quedan fuera del tiempo. Frente a esa lógica, Los Siameses invierten la mirada: quizá lo periférico no sean las culturas populares, indígenas o mestizas, sino quienes se niegan a reconocer su complejidad.
Su crítica al concepto de kitsch resuena con debates feministas y decoloniales sobre el gusto, la legitimidad y la violencia simbólica ejercida por las jerarquías culturales. Cuando señalan que el exceso de color se percibe como “ruido” para cierta idea de buen gusto asociada al capital financiero, conectan con otras voces que han leído lo barroco, lo recargado o lo desbordado como formas de resistencia frente a la sobriedad normativa de la blanquitud.
En este punto, su obra dialoga con reflexiones de autoras como Gloria Anzaldúa o Cherríe Moraga, quienes exploran la posibilidad de escribir, pensar y crear desde el margen sin la validación de centros hegemónicos; o con los cuestionamientos de Rita Segato y Silvia Rivera Cusicanqui sobre modernidad y mestizaje. No porque los siameses citen estas tradiciones, sino porque comparten una intuición: la experiencia situada en el barrio, el salón Los Ángeles, la arena de lucha libre, la colonia popular es un laboratorio teórico y estético tan complejo como cualquier seminario universitario. Al mismo tiempo, su práctica no se restringe a estas genealogías ni a un gesto exclusivo de descentramiento: hay en ella una apertura deliberada hacia múltiples tradiciones de pensamiento, incluidas aquellas históricamente asociadas a los centros. Esta posición —lejos de ser contradictoria, es también política, en tanto les permite entrelazar saberes heterogéneos y producir un cuerpo de obra situado, arraigado en sus contextos y trayectorias de vida, pero capaz de dialogar críticamente con matrices culturales diversas.
Juego, ritual y cuerpo: un método de trabajo

Zona del núcleo Curaduría. Vista exposición Bipolaridad visual, Los Siamés: Marisa Lara y Arturo Guerrero en el Museo del Estanquillo, CDMX
Si algo atravesó la exposición, fue la convicción de que el arte es, ante todo, un juego serio. Los Siameses hablan del juego como espacio de libertad creativa. Para ellos, jugar no implica banalizar, sino suspender jerarquías que separan trabajo intelectual y manual, teoría y oficio, espectáculo popular y alta cultura.
En Bipolaridad visual, el juego también aparece ligado al ritual. El arte, dicen, es un ritual de cura en tiempos en que los rituales comunitarios parecen extinguirse. De ahí la insistencia en la materialidad: la necesidad de tocar la pintura, de que “los pinceles chillen y los colores crujan”; de envolver al público con un cordón umbilical rojo en performances donde la obra se convierte en vínculo literal entre cuerpos; de presentar un libro como si fuese un “bebé” que requiere arrullo colectivo.
Esa dimensión ritual se articula con un trabajo constante alrededor del cuerpo: fragmentado, herido, danzante, en mutación. Uno de los núcleos curatoriales —Curaduría— coloca en el centro el cuerpo enfermo y su deseo de seguir bailando: una pierna ortopédica dispuesta al danzón con tacón alto funciona simultáneamente como imagen de vulnerabilidad e insistencia vital. En otro núcleo, los Retablos de Asombros y Metamorfosis piensan la transformación corporal como danza interminable, en diálogo con figuras como el ajolote, animal capaz de regenerar sus miembros y leído aquí como metáfora de una política de la reparación.
Escritura, archivo y libro Siameses.

Portada del libro Bipolaridad Visual, Siameses Company, 2025
Si la exposición evidencia la dimensión transdisciplinar de su práctica, pintura, escultura, gráfica, instalación, performance, el libro Bipolaridad visual funciona como su “par siamés”. Concebido durante años, el volumen articula relato de vida, reflexión teórica, ficción y memoria de encuentros con figuras clave de la cultura mexicana: de Monsiváis a Elena Poniatowska, de Ninón Sevilla y Tongolele a Guillermo Bonfil Batalla.
El Museo del Estanquillo presentó el lanzamiento del libro como un performance, subrayando que se trata de una obra que celebra cuarenta años de complicidad artística entre Lara y Guerrero. El propio dúo lo describe como “un libro de aventuras, de reflexiones sobre el arte, un grito por el respeto y el amor al planeta, a la otredad, a las diferencias”. La escritura se vuelve extensión del taller: un espacio donde narran autoformaciones, reconstrucciones, accidentes, enfermedades, pérdidas y precariedades, no como mito heroico, sino como materia sensible de pensamiento.
Insisten en su dimensión coescrita: así como pintan “como si estuvieran bailando”, escriben a cuatro manos, dejando que el texto fluya como garabato compartido. La siamesitud no es una metáfora, sino un método de producción que cuestiona la autoría individual y propone una subjetividad colectiva, amorosa y conflictiva.
Monsiváis, colección y ciudad


Los Siameses y Carlos Monsiváis. Archivo Los Siameses Company. Fachada del Museo del Estanquillo durante la Exposición ¨Bipolaridad Visual¨ 2025.
Exponer en el Museo del Estanquillo no es un dato logístico. Para Los Siameses, fue un gesto de retorno y conversación con las obsesiones de Monsiváis: la cultura popular, el archivo como forma de pensamiento, la ciudad como escenario continuo entre cine, historieta, fotografía, luchas sociales y vida cotidiana.
En Bipolaridad visual, ciertas piezas del acervo dialogaban con su trabajo, subrayando la continuidad entre la mirada del cronista y la siamesitud como método. Al recorrer la exposición, era fácil imaginar las rutas compartidas: noches de lucha libre en Iztapalapa, excursiones a barrios periféricos, sobremesas donde alternaban teoría crítica y chisme urbano.
Esa doble pertenencia al archivo de Monsiváis y a los territorios que él amó y documentó sitúa la muestra en un lugar singular. Bipolaridad visual es un capítulo relevante en la construcción de una memoria colectiva sobre cómo el arte ha pensado, encarnado y desbordado la Ciudad de México en las últimas décadas.
Un arte que baila, insiste y desobedece

Tal vez la imagen que mejor resume el espíritu de la exposición sea la de una pierna ortopédica lista para bailar danzón. El cuerpo herido que insiste en moverse condensa la ética de Los Siameses: hacer del arte un espacio de resistencia gozosa frente a la enfermedad, la precariedad, la exclusión y la violencia simbólica.
Desde la perspectiva de INESMagazina, la importancia de la muestra reside precisamente en su capacidad de descentrar los relatos sobre el arte contemporáneo mexicano, reinsertando en la narración prácticas que durante años fueron consideradas menores o excéntricas. ¨Bipolaridad visual¨ demuestra que estas experiencias han sido decisivas para imaginar otras relaciones entre creación, pensamiento crítico, cuerpo, juego y comunidad.
Lara y Guerrero lo dicen con claridad: “Somos luchadores del arte”. Lo que Bipolaridad visual pone en escena es esa lucha: la insistencia en el derecho a mezclar, a bailar con el archivo, a reírse de las solemnidades, a pintar mundos y narrarlos al mismo tiempo. Un arte que entiende el museo no como catedral silenciosa, sino como pista de baile conceptual, donde lo bello puede ser feo, lo feo puede ser bello y, sobre todo, donde lo diferente tiene permiso de existir con toda su estridencia.

El triunfo avatares ,72x36cm,óleo-madera,2019
- Siameses Company es el nombre artístico y la marca registrada del proyecto, creado por sus integrantes para dar cuenta de una forma de producción conjunta. Según los artistas, esta modalidad de creación dialoga con la noción de siamesitud, término al que Carlos Monsiváis alude de manera cómplice para referirse a vínculos de cercanía radical y coconstitución creativa. Conversación personal con los artistas, Ciudad de México, 2025. ↩︎
Todas las imágenes pertenecen al archivo personal de Los Siameses Company. Agradecimientos a los artistas, Marisa Lara y Arturo Guerrero y al Museo del Estanquillo.
Más información: artedos@siamesescompany.com



